jueves, 23 de julio de 2015

Hay cosas que nunca cambian

Es ley de vida que nuestras vidas cambien, nuestras circunstancias, nuestros problemas y preocupaciones.


Mi vida, con el paso de los años, ha sufrido cambios y giros inesperados que hacen que ésta cambie. Uno de los grandes cambios fue hace siete años cuando deje todo, mi vida, mis amigos, mi familia, y la ciudad que me vio nacer y crecer, Melilla.

Ha habido momentos en los que pensé que no podría soportarlo, en los que creí que sin mi familia y amigos no podría vivir, pero la vida te demuestra varias cosas, la primera que te adaptas y aunque se cambie de ciudad, en estos siete años tres veces, puedes empezar de nuevo. La segunda que aprendes a conocer gente que te enseña experiencias nuevas, maduras, y ves que hay personas maravillosas en muchas partes de España. Y la tercera, que tu familia y los verdaderos amigos, esos que dejé en mi Melilla natal, están y estarán ahí siempre, y esas son las cosas que nunca cambian, las que reconfortan y te dan un subidón de adrenalina que te dura al menos un mes.

En estos días en los que una de mis mejores amigas, uno de  esos vértices que formamos mis dos niñas y yo, ha venido a verme y pasar unos días conmigo en mi casa, me he dado cuenta de que a pesar del tiempo y de llevar casi dos años sin vernos nuestra amistad no ha cambiado ni un ápice. Estos días he estado como en una nube con la sonrisa puesta desde que me levantaba por las mañanas, esas sensaciones no se cambian por nada.

Con la familia se es feliz, se cargan pilas y los amas con todo el alma, pero los amigos son los que elegimos son esas personas que nos quieren porque nos lo hemos ganado, por cómo somos, no porque lo lleven en el ADN.

 
Felicidad infinita

En uno de los primeros post que escribí hablé de mis amigas, ellas son como las hermanas que nunca tuve. Soy de las que piensan que tres son multitud, que cuando hay más de dos las cosas se enrarecen y parece que no se puede llegar a una misma opinión pero en este caso la mejor opción es el triángulo. Ese en el que existen tres vértices, tres lados en los que apoyarse para que el tándem no se tambalee. Porque, aunque yo soy la mayor, entre las tres tenemos lo que les faltan a las otras. “J” es la sensible, la que necesita el apoyo y sentirse comprendida. La que es cabezona como ella sola pero a la que es imposible no querer. Es de mente abierta y siempre acaba entendiéndote aunque si tiene un problema o le pasa algo le cuesta contarlo pero tampoco hace falta que lo haga porque su cara lo dice todo. “S” es la responsable, la tradicional pero la que al final comprende y aunque ella nunca vaya a actuar como tú te respeta y estará contigo a muerte. Ella necesita su tiempo para contarte que tiene un problema o algo le preocupa, aunque es de las que los afronta con valentía. ¿Y yo? Pues no sé, quizá las más indicadas sean ellas para describirme a mí. Siempre he creído que soy la mezcla de las dos, la que da equilibrio, aunque quizá me equivoque y sea la que desequilibre todo y le dé un poco de locura al tema.


Hasta aquí mi post de hoy dedicado a las amistades que nunca cambian, a las hermanas que no comparten tu ADN pero que no les hace falta.

1 comentario:

  1. Que decir amiga eres muy grande , hemos pasado unos días estupendos y estaba con muchas ganas de verte , ha sido corto pero te prometo que nos veremos mas a menudo, ha sido genial poder disfrutar de ti, amigas hasta la muerte jejje

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